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LIMA

La importancia de no dar una solución

Tenemos un problema

En medio de la reunión de profesores y directivos, surgió el comentario:

Las cosas funcionan bien, pero nadie lo nota fuera del colegio.

Sentados alrededor de una mesa, cada uno comenzó a exponer sus ideas y refutar las del otro.

Todos coincidían en que había un problema, y todos se apresuraban a dar su solución. Cada quien con fundamentos impecables, lógicos y categóricos. Sin embargo, ninguna parecía satisfacer al resto y todo se empantanaba en un debate extenso y estéril.

Al cabo de un rato, algunos levantaron la voz, otros negaban antes de que quien hablaba terminase de exponer. Otros, más silenciosos, se refugiaron en el “refresh” de alguna página en su celular.

Días más tarde, convocaron al equipo de LIMA Creative Hub para aportar soluciones creativas. Luego de escuchar todas las ideas (que suenan muy bien), se hizo un silencio a la espera de que el equipo creativo brindase la solución.

La respuesta fue: “no vamos a dar ninguna”.  Sólo tenemos una pregunta.

 

¿Qué queremos resolver?

Otra vez silencio.

Una profesora dio su opinión. Luego uno de los directivos. Poco a poco, las voces comenzaban a alzarse, solo que esta vez no se contraponían, sino que trataban de definir ese qué. El foco dejó de estar puesto en rebatir o criticar las soluciones de los demás sino en analizar la situación desde diferentes perspectivas de forma precisa.

Luego de varias idas y vueltas, llegó el qué.

 

Plasmar la identidad de forma clara.

Todos se apresuran a dar soluciones nuevamente: “Que los chicos trabajen más en clase”, “ Disciplina”, “Que saluden al entrar” son respuestas válidas según las plantee una docente, el preceptor o la recepcionista.

Aún hoy, es muy común que algunas marcas y empresas crean que se trata de hacer su propuesta sin importar otra cosa. Es bueno tener una propuesta bien definida, pero que además resuelva alguna necesidad del cliente o usuario.

Nuevamente, se postergó el momento de las soluciones con otra pregunta.

 

¿Para quién necesitamos resolver?

Luego de varios ejercicios, se estableció que “el usuario” eran los padres y alumnos, y que era necesario pensar la problemática desde su perspectiva en vez de hacerlo desde la personal.

Recién entonces, entramos en el proceso de encontrar la solución. Pero había que romper con la dinámica tradicional.

En vez de sentarse alrededor de una mesa mirándose unos a otros e intercambiando pareceres y argumentos, se ubicaron en los asientos de los chicos. Piernas que no entraban y la sensación de que nadie tenía la autoridad en ese espacio en el que solo habían post-its y marcadores.

Con el correr de los minutos, el mismo grupo de personas que había estado discutiendo e intentando dar soluciones se encontró colaborando, riendo, jugando, tratando de complementar las ideas entre sí.

Y comenzaron a surgir soluciones posibles. Distintas a las que habían estado en pugna unos días atrás. Esto entusiasmó aún más al equipo, que comenzó a idear formas de llevar a cabo esas ideas y ver cómo evaluar su validez.

Nadie daba soluciones, sino que las diseñaban en colaboración. Pensando cómo aplicarlas, evaluarlas y ajustar a futuro.

• • • El camino y la solución que generan, valen la pena. • • •

 

Lecciones que surgieron de esta historia

1.Por más duro que sea, no se trata de dar una solución inmediata

Para comenzar el proceso, es necesario definir con claridad cuál es el problema resolver. Evitar la tendencia a “describir” sino tratar de diagnosticarlo con una frase que implique una acción.

2.Determinar la perspectiva desde la que tenemos que hallar la solución

Cada persona puede tener un punto de vista. Y todos pueden ser válidos. Sin embargo no hay que perder de vista quién es el destinatario de la solución y trabajar de manera que ésta pueda ser de ayuda.

3.Tomar distancia y trabajar observando el problema como algo externo a nosotros

Esto evita que se sienta de manera personal, y que la discusión sea percibida en términos de “imponer o resignar”. Es necesario que todos puedan colaborar, en un clima relajado, en el que no existan errores, sino mejores maneras de resolver la situación.

Al definir con claridad cuál es el verdadero problema y desde dónde vamos a evaluarlo, adoptamos una dinámica que nos saca del lugar de expertos para llevarnos al lugar de aprendices llevándonos a colaborar para que surjan o se construyan las soluciones.

Así que la próxima vez que surja un problema, traten de aguantar las ganas de dar una solución inmediata y disfruten el proceso de búsqueda colaborativa.

 

 

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